miércoles, 26 de septiembre de 2007

Viaje a la esperanza


Hoy me gustaría regalaros un cuento que habla de la lucha por conseguir lo deseado y de su logro superando los obstáculos de la desesperanza, la impaciencia, el desánimo... apostando por la confianza que nos da esa voz que tenemos dentro y nos dice que tengamos fe en nosotros y en lo que creemos...

Diario de una canción


"Esta mañana arrojé el diario contra la pared. No estoy segura de por qué lo hice. Antes pensaba que los periódicos se centraban en las tragedias, pero ahora sé que lo único que les atrae es la violencia, que la muerte sin ella no interesa, por más que sea colectiva y te deje sola, que es la tragedia más grande que hay". Así comenzaba el diario personal de Eriel, el que durante una década estuvo a la venta en una feria callejera de objetos usados, el que nadie compró al ojear sus primeras páginas y el que hace dos semanas fue adquirido por el Reina Sofía al conocer el contenido de todas las demás.

Un viernes en el que Eriel cayó en una de sus recurrentes depresiones, fue socorrida por un débil recuerdo extraído de su infancia, cuando sus padres le aplacaban sus ganas de ser mayor, cantándole: "Si de verdad quieres crecer y no envejecer, nunca vayas deprisa ni tampoco lento,el secreto es ir a la inversa del tiempo pero nunca deprisa ni tampoco lento, sólo hay que ir a la velocidad del tiempo para así comenzar a crecer y no envejecer. El que acelera el paso descubre la nostalgia, el que se queda en el momento se queda, mas el que decide crecer conservando al niño avanza hacia atrás recuperando su inicio y los recuerdos que traspasan el ombligo (bis)…".
Cuando era niña no le prestaba mucha atención a la letra, sólo se dejaba llevar por la melodía que la hacía sentir arropada por un hogar. Recordaba algo más que la voz cálida de sus padres, recordaba cada uno de los instrumentos que armonizaban la letra; y, envuelta en esas sensaciones, comenzó a sentirse bien, verdaderamente bien. Era como si el recuerdo pasara a ser un presente que la introducía en un espacio donde la tristeza y la rabia estaban prohibidas. No obstante, el hambre y luego el sueño la sacaron de su burbuja, pero la sonrisa se quedó en su rostro.

A la mañana siguiente, Eriel se despertó con la firme idea de conseguir esa canción –cruzada que marcó el interés del museo por el diario–. Recorrió todas las discográficas de su ciudad sin éxito, y tampoco lo tuvo al preguntarle a sus amigos y conocidos. A raíz de eso, dejó su trabajo, cogió una mochila y recorrió todos los países hispanohablantes durante unos cuatro años. Debido al desconocimiento de los entendidos, y no entendidos, decidió preguntarle a cualquier desconocido si le sonaba esa canción . Así que Eriel ingenió muchas formas para llegar a la gente y otras tantas para conseguir financiación, que fueron narradas hasta la penúltima página del diario. Pero ninguna persona le dio lo que buscaba.

Al terminar su diario, en el lunes final, Eriel escribió: "Convencida de que yo era quien le había puesto instrumentos a esa canción familiar, decidí irme a cualquier parte. Estiré la mano y un autobús amarillo se detuvo. Había un asiento vacío junto a la ventana, al lado de un niño que llevaba un mandil con el nombre Gonzalo bordado en el pecho. El bus comenzó a moverse mientras yo no podía retener las lágrimas de impotencia, de fracaso. Traté de animarme para no llamar la atención y por manía comencé a tararear la melodía de mi canción. Y ese niño, Gonzalo, comenzó a cantar, y le siguió un joven canoso, y después un hombre muy arrugado que estaba delante, y siguieron todos los demás, hasta el chófer. Era hermoso escucharlos… "El que acelera el paso ..." Y mientras los escuchaba, me di cuenta de que el bus avanzaba marcha atrás".


Rafael R. Valcárcel




3 comentarios:

*Angulin* dijo...

He descubierto por fin lo que me gusta leer... Gracias, Mil Gracias ;)

Me encantan estos cuentos, porque cada vez que los leo descubro detalles nuevos y palabras que cambian de sentido cuando las lees "con sentido"...

Un Besote !!

Anónimo dijo...

Un cuento muy bonito.
Llevo un par de dias escribiendote al correo pero creo que no te llega
nada. En fin me conformo con mandarte besis desde aqui y decirte lo mismo de ayer:
Hoy puede ser un gran dia planteatelo asi.
Argatea

Anónimo dijo...

Precioso cuento mi niña. Ya ves que todo el mundo que inicia una busqueda tiene que echarle un buen pulso a la vida y cuando menos te lo esperas empiezas a encontrar esas respuestas tan ansiadas.

La esperanza es la vitamina del alma. No dejes nunca de tenerla.

Un abrazo sincero de tu CRIS.