Ummm... ya comienzan los típicos días de otoño, con su lluvia, su oscuridad, su humedad... qué guay, ir por la calle chocando tu paraguas con el del prójimo, levantarse por la mañana y comprobar que con este tiempo tu pelo no responde a peine alguno, comprobar que a las seis de la tarde ya es de noche y parece que hay que meterse en casa como los pájaros en el nido....Sin embargo, esta época tiene un encanto único... es ideal para hacer escapadas al campo, a oler la tierra húmeda que nos reconcilia con nuestros orígenes, a pasear por largas alfombras de hojas... me encanta disfrutar de colores tan cálidos, de los olores que se mezclan... esas candelas, las castañas, las nueces... recoger setas, espárragos... comerse una buenas migas ¡ qué ganas tengo! La sensación de la ropa pegada a la piel, de la lana, del frío en la cara... Todo esto me transporta a mi infancia, a esos maravillosos años vividos a caballo entre la urbe encorsetada y moderna y el maravilloso pueblo de la sierra norte sevillana, Constantina, que tanto bueno me ha traído...
El otoño es una época de mudanza, de cambios, así lo delatan los árboles, los pájaros al desprenderse de sus caducas plumas, la renovación de nuestros armarios, nuestro lavabo cada vez que nos peinamos... Mi relación con este tiempo es de amor-odio, me vuelvo loca con los cambios de temperatura, el frío nocturno y las capas de cebolla que mi cuerpo tiene que soportar, los sitios cerrados y su ventilación, pero todo se compensa con lo que os he mencionado más arriba... ¿qué os sugiere a vosotros?



